lunes, 29 de septiembre de 2008

കെന്റോസ് ടെ familia


Mi tío, antes de cumplir sus diecisiete años, sin haber plantado una planta, sin haber escrito un libro, y mucho menos, sin haber tenido un hijo, había cumplido una de las premisas de la vida: Matar a un hombre. Ese hombre era su padre. Mi abuelo.
Yo, sin haber escrito un hijo, sin haber tenido una planta, sin haber…. Y mucho menos, matado un hombre, no dejo de pensar en ese parricidio. Y como la escritura, mal que nos pese, es uno de los lugares en donde dejamos volar nuestro miedo que siempre lo tenemos clavados con estaca al ras del piso, inventé un secuestro. Quise hablar como si fuera él, como si fuera mi tío. Por supuesto, no lo logré. Por eso este prologo inmenso a un cuento que más que un cuento es un interrogatorio.
Estoy escribiendo mucho y mal.
Ando como la pequeña Lisa cuando se da cuenta que su genio se había acabado ni bien cruzado la pubertad. Que buen capitulo. Pese a todos los problemas, las faltas y las pocas ganas de corregirlo que tengo, lo muestro. No tengo dudas que pasará desapercibido.




Quieren verme arrodillado, pidiendo piedad, quieren verme tirado en el piso pataleando contra mi destino. Quieren que maldiga, que insulte a todos por ponerse de mi lado. Que me convierta en un niño pequeño e indefenso. Quieren que les cuente todo lo que sé. Que pierda mi compostura, que suelte del fondo de mi lengua todas las imágenes, esa sortija inatrapable en la que he convertido mi pasado. Pero no lo van a lograr. Acaso son policías, la causa está caduca. Tengo experiencia, soy un excelente tiempista, se como mantenerme en las sombras. Nadie sentirá lástima por mí. No les daré ese gusto. Por más que me encierren en esta cueva inmunda, contaminada hasta la médula con ese olor a oxido quemado, a pava que se recalienta sin agua en la cocina de una casa. Jamás. Nunca voy a contarles nada. Están buscando la tragedia, no se pueden concentrar en la felicidad. En la felicidad que por muchos momentos he sentido. No. Quieren que les cuente mi tragedia. Que los haga reír de sus dolores. Quieren ser un poco más felices a costa mío. Pero yo no me doblo. No soy una esquina. Durante 56 años he tejido mi propio laberinto, lleno de recuerdos felices. He construido una familia acorde a los parámetros pre establecidos por la sociedad. Pude dar vuelta el mandato, no me desbanqué como otros. A porte todo lo posible y hasta en los peores momentos me sentí más confiado, con mayor cintura que cualquier otro. Porque si utilicé mi experiencia para mi provecho. Para dejarme en claro lo que valgo. Para que no me pisen como lo quieren hacer todos. Porque he aprendido que los hombres dan la mano sólo para sentir el peso de su oponente. Podrán decir que siempre he sido un bobo, hablando de cosas que no tienen importancia, escapando a la radiografía del tiempo, podrán decirme de todo pero yo he salido ganando. Vencí, gane, aplaste con las dos manos mi destino.Y esta fuerza que tengo encima la tome del silencio. La aprendí del dichoso zumbido del silencio. Porque he escuchado esa hora infinita en donde el tiempo se paraliza y el largo túnel del caño da paso a la llama que se lanza en busca de un objetivo. Y no cualquier objetivo. No un objetivo perdido en la llanura. No un objetivo animal. Ni siquiera humano. Pero igual no lo van a lograr. Porque yo soy un animal que piensa. He decidido. He pensando sobre lo que tenía que hacer para salir del fondo. Así como un nadador encuentra en sus brazos la esperanza para llegar a la meta. Yo encontré en el silencio mi punto de partido y de llegada, que no es el mismo. Partí de un pozo, y por más que me creen un símil, no tienen ni idea de que pozo hablamos. Estas paredes emperifolladas en figuras indescifrables, esta angustia transpirada con tanto olor a humedad y oxido no se comparan. Y yo se que mi meta es distinta. Que mi llegada tiene que ver con lo que fui construyendo durante estos 56 años. Pese a todo lo logre. Y nadie en su sano juicio puede acusarme de haberme escapado a mis responsabilidades, de haberme perdido en el bosque junto a mi destino. Yo fui mucho más. Fui mucho más de lo que esperaban de mí. Por qué tienen la necesidad de que les cuente. Es acaso que no pueden tolerar la idea de que un hombre pueda atravesar toda su vida sin dejar rastro de dolor. Les encanta la desgracia. De seguro, si hay un dios, esta involucrado en todo esto. Silencio. Alguien viene. Qué veo, son mis hijas que vienen a mi encuentro. Ay, quieren mi rendición. Me traen la carnada de la vida, más vida, más vida, hasta el infierno. Pero no lo lograrán. Soy una muralla. Sé quedaran esperando. Lo único que herede fue la tenacidad, soy una tenaza imposible de quebrar, y nadie funde aquello con lo que se agarra. Se quedan mansitas mis hijas, saben que su padre lo ha dado todo, que ha crecido en un camastro de hierro puntiagudo y pese a eso lo ha dado todo. O casi todo, es cierto. Pero ellas no pueden saber, que desconozcan las ingratas, que se queden nadando en el mar de la ignorancia que es el agua más fértil para combatir el horror. Muéstrame tus cartas, qué mas tienen para mí. Venga se ahora, todo completo. Voy a travesar el bosque, porque yo soy el silencio. Avanzo, a la oscuridad no le temo. Avanzo y presiento en el aire la estupidez de una madre que por querer hacernos el bien nos hace tanto daño. Avanzo y el túnel infinito es una casa. Que poca fuerza la de ustedes que no pudiendo contra mí y han optado por la imagen. Pero antes que ustedes yo lo he repensado todo, cada uno de los movimientos que acontecieron ese día para luego olvidarlo todo por completo. Borrar es mucho más difícil que crear y lleva su tiempo. No pongan la cocina tan al fondo, el comedor y la cocina estaban casi pegados, y adelante, el patio estaba muchísimo más cuidado, sobre todo en esa época en donde mamá siempre encontraba un defecto en las plantas. Las distancias no son correctas. La casa no era tan grande. No ven, no tienen idea. Los golpes eran sistemáticos. Uno tras otro, con la misma monotonía con la que un operario trabaja sobre la cinta de ensamble. Así, la golpeaba y nos golpeaba. Eso es todo. No martillen más en mi cabeza. No quieran invocar más. Lo suplico. Sí, estoy suplicando. Porque sino voy a cambiarlo todo, se miente con mucha facilidad. Voy a modificar todos los hechos, volverme culpable, decir sencillamente que yo lo busque así como el niño abusado puede jurar que fue él quien pergenio todo- Podría, soy capaz. ¿El arma? Una escopeta larga, como cualquier otra. No hay misterio. El asesinato. Listo, ya lo dije. Jamás, desde que paso, pude decirlo. Ahora me lo han quitado de la boca. Contentos. Están contentos. Aquí la tienen, su victima. Su historia: la victima asesina. Conmovidos. Pobre hombre siendo tan chico y a ver tenido que enfrentar tanto, quince años tenía, no era tan chico. Ahora viene lo sabroso. Pueden juzgar, sacar conclusiones. Pueden contar con los dedos de sus manos todas las hipótesis que quieran. Hacer caras. No, no recuerdo la cara de mi padre ni en ese momento, ni en ningún otro. Lo he borrado, he borrado su cara. No ha si su puño. No ha si su cinto. No ha si su odio vertical y acuciante. Qué ganan removiendo todo esto. Destruirme. Quieren destruirme. Este lugar es sofocante necesito salir. Necesito la superficie. De que garganta, de cual o tal demonio saldré por la boca, como será el infierno que me enviste con tanta necesidad de pena. Quien me llama con tanta urgencia. Si yo estaba vivo. Sí, a mi manera, la única que pude para poder salir a flote de tanta mierda. Y cambie, jamás le pegue a nadie, jamás lastime a los que quise. No, ya dije que basta. No pienso hablar de mi padre. No quiero contarles sobre el gran futbolista, ni como volvía a casa borracho de piernas y ginebra, ni su gloria mundialista. Al carajo con todo eso. Esperaban de mi todo eso. Esperaban que me canse. El disparo sonó perfecto. Con un sonido único, bestial y se llevó puesto la poca cordura de mamá que viendo a su marido en el piso sangrando y a su hijo mayor parado, como soldado, todavía apuntando a un pasillo verde que daba a la calle, no pudo hacer otra cosa que buscar el trapo de piso para limpiarlo todo. Que quede todo limpio. No culpo a nadie, ni siquiera a mi padre. Nadie más que yo sabe lo difícil que es escapar a su destino. Basta, lo pido por favor. Ya dije todo, no recuerdo más. No voy a contarte como hicimos entre todos para dejar implacable el asunto. Una vez más ¡basta! no puedo con todo esto, no tiene sentido. No sirve para nada. Hay algo terriblemente familiar en todo esto, algo peor que el parricidio, aún más macabro. Ya sé. No son muchos, no me tienen entre muchos encerrados en esta inmundicia, no!, es uno solo. Hay una sola persona capaz de esto. Yo sé quien sos. Vos sos mi sobrino, que no ha dejado en paz a casi ningún miembro de la familia, en búsqueda de qué.

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